2007-02-07

Escuela, autoridad y autoritarismo



Escuela, autoridad y autoritarismo
Adalberto Zapata
Publicado en la Revista Papalote revista de la Escuela. No.13, septiembre-octubre. México D.F. 1993
En la escuela convergen las imágenes, los valores y las actitudes, tanto las generadas por la sociedad como las producidas por el núcleo familiar. Dentro de esta gama de imágenes, la distinción entre autoridad y autoritarismo es muy importante, pues la influencia del autoritarismo puede afectar a los niños en su desarrollo escolar, impidiendo la creatividad.
Separemos los conceptos, por una lado tenemos el de autoridad, que implica imágenes y valores que caracterizan a un sujeto o a una institución. Generalmente se relaciona con el prestigio, así hablamos de la autoridad de un profesor debido a sus conocimientos o a su trayectoria profesional. En este sentido se da un ascendiente a partir de las capacidades humanas de la persona.
La autoridad en el salón de clases es el maestro, quien en muchas ocasiones recurre a su poder institucional para lograr sus objetivos educacionales, generando en el aspecto negativo las actitudes autoritarias.
Estas imágenes se agudizan cuando planteamos el problema desde la óptica de la formación de la moralidad del educando.
Los niños aprenden los valores morales de su cultura principalmente por identificación o imitando ellos mismos los modelos que les presentan sus padres. Los padres recompensan a los niños por tomar decisiones correctas y los castigan por las erróneas. Cuando los niños fracasan al cumplir las normas de los padres, se sienten culpables aunque sus padres aún no sepan lo que han hecho. En este sentido sé internalizan las normas de los padres y logran un cierto nivel de moralidad.
Otra forma de observar el desarrollo de la moralidad, está en examinar las concepciones que tienen los niños sobre las reglas, la intencionalidad, el castigo y la justicia. Respecto a todos estos conceptos, los niños avanzan desde un pensamiento rígido hasta uno flexible. En este sentido a medida que los niños maduran e interactuan más con otros niños y con adultos, piensan en forma menos egocéntrica. Aprenden a reconocer las reglas y construyen su propia moralidad. Al adquirir el significado de las reglas, los niños ya tienen una visión propia del mundo que los lleva en ocasiones a cuestionar la autoridad institucional, lo que puede generar conflictos entre el alumno y el maestro.
Este mecanismo funciona tanto en el ámbito familiar como en el salón de clases. La distinción se da entre una autoridad flexible y una rígida. La fricción que se da dentro del salón de clases y en el núcleo familiar repercute en el alumno.
La sociedad se refleja en la escuela, con todas sus contradicciones. Esto es, al ser ésta una institución que tiene la misión de inculcar hábitos y valores, las imágenes desgarradas de la sociedad, sus conflictos cotidianos, influyen en el clima de la vida escolar.
El autoritarismo es, en última instancia, una actitud parcial ante la vida, dominada por los prejuicios etnocéntricos y por una actitud no democrática.
Si bien todos los niños deben asimilar las reglas, éste es un proceso que requiere ser manejado sin el empleo de la autoridad irracional, tanto en la escuela como dentro del núcleo familiar. El niño requiere de actitudes que le permitan descubrir sus propias potencialidades. Los climas escolares rígidos impiden que el niño genere la capacidad de reunir experiencias propias que serán el medio de obtener una personalidad flexible ante el cambio de circunstancias y de fortalecer sus actitudes de indagación y de creatividad.
La escuela, sin importar su orientación pedagógica, se encuentra inmersa en una serie de influencias de carácter autoritario que la permean; y se confunde la autoridad con el autoritarismo como una característica exclusiva de la escuela. La imposición de la norma no implica necesariamente un clima rígido; ésta debe ser generada dentro de un ambiente de comprensión que permita al alumno desarrollar sus potencialidades. El significado de las reglas, los valores y la moralidad se dan en el proceso escolar, pero la escuela debe tener la claridad suficiente para comprender el escurridizo límite que separa, en la práctica, la autoridad surgida del reconocimiento de la autoridad irracional generadora del autoritarismo.
Dentro de las diversas causas que generan el autoritarismo en las escuelas, se encuentra el estilo en que fueron formados los mismos docentes; éste se caracteriza por estar impregnado por estructuras rígidas donde la repetición estereotipada marca a los docentes con actitudes y prácticas de carácter repetitivo, mecánico, simplificado, que luego serán las imágenes que proyectan a sus alumnos. Como consecuencia, los maestros tienden en ocasiones a limitar la creatividad y la innovación.
El manejo institucional del profesor en el interior del salón de clases está influido por la orientación pedagógica de la escuela, por la interacción con directivos y con otros maestros, así como por las imágenes que adquirió durante su formación.
Así mismo, los docentes se encuentran aislados respecto al medio en que trabajan, lo que ocasiona que se dé un alto grado de desinformación y desconfianza mutua entre ellos y los padres. Las imágenes valórales del núcleo familiar entran en contradicción con las expectativas del maestro y de la escuela. Se vive el mundo de la escuela aislado y ajeno del mundo de la familia. Esto tiende a conflictuar al alumno, ya que se presentan dos actitudes que chocan y se contradicen, desubicando su realidad.
Pero veamos más de cerca lo que ocurre en el salón de clases. De los estudios que se han desarrollado sobre este tema en las escuelas, sabemos que con mayor frecuencia la interacción verbal la inicia el profesor y no el alumno, y hay una tendencia a ignorar las emisiones espontáneas de los niños. En este sentido, el profesor es quien habla y el alumno sólo escucha. Y cuando quiere expresarse no se le presta la atención adecuada. Así mismo es muy común que el maestro muestre poca paciencia ante las dificultades que se le presentan al alumno en el salón de clases.
Dentro de lo que podemos llamar el clima de la escuela, cuando éste es rígido e impersonal fomenta la pasividad del niño. Por lo tanto, la forma en que el profesor maneja el proceso educativo, y el clima de la institución escolar serán determinantes en los aspectos formativos del alumno. La autoridad mal entendida sólo reproducirá las imágenes irracionales que conducen al autoritarismo.
El clima afectivo de la institución escolar siempre será más positivo para un adecuado desarrollo del niño. En los primeros años, fundamentales para que el alumno obtenga el sentido de las reglas, los valores y la moralidad, éstos serán producto de la interacción del maestro y de los padres, lo cual requiere que la institución educativa logre una activa participación de los padres en el proceso educativo.
En la época actual, donde los cambios y las transformaciones en todos los niveles se dan a una velocidad nunca antes conocida, es necesario que la escuela adquiera una nueva visión de las interacciones que se dan en los procesos educativos; mientras más sano sea el clima escolar y se evite la autoridad irracional, los alumnos serán capaces de generar actitudes creativas e innovadoras.